65. Cuarenta y ocho horas
Capítulo 65
Ciro permanecía al lado del jefe, sentado en la incómoda silla de hospital que ya conocía demasiado bien. El cansancio le pesaba en los párpados, pero no podía apartar los ojos del hombre que yacía en la cama. Silas no había despertado desde que se desplomó hace cuarenta y ocho horas. El recuerdo del sonido seco de su cuerpo golpeando el suelo aún lo perseguía.
Quería marcar el número de la señora, contarle todo, decirle que debía venir… pero las palabras de Silas, tan frías como si