114. Destruiré la ciudad
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El motor ruge, pero Silas parece no darse cuenta de que va a exceso de velocidad, las luces de las calles pasan y el teléfono vibra de nuevo en su bolsillo. Es Ciro otra vez. Silas contesta sin pensarlo.
—Tenemos algo —dice el hombre, con la voz aún temblorosa—. La furgoneta negra fue vista saliendo por el desvío norte, cerca del kilómetro treinta y dos. Luego, desapareció de los radares. No sabemos si cambiaron de vehículo o se internaron en la zona industrial.
—Envía a los hombres más cer