Bajo del auto y me quedo un instante mirando la puerta del edificio como si fuera una boca cerrada. En el bolsillo llevo la constatación del conserje: hora, entrada por lateral, ascensor de servicio, salida por el mismo lugar. Nada de rostros. Nada de bultos. Nada mío. La forma exacta de una ausencia.
En el departamento todo está donde lo dejé menos Wilson. El plato seco. La correa en el gancho, quieta. La manta doblada, sin pelo nuevo. Abro el clóset y encuentro la bolsa de sus galletas como s