El amanecer se cuela frío por las persianas y recorta el dormitorio en grises. Wilson ronca, ajeno a la crispación que me mantiene despierta desde las cuatro. Releo el correo de Dirección en el móvil, deslizando el dedo arriba y abajo como si las palabras pudieran reordenarse: caso resuelto, expediente archivado.
Me pregunto si vale la pena exigir los argumentos formales. ¿Una audiencia? ¿Un memo? Cada escenario termina igual: puertas cerradas. Pero el zumbido en mis sienes insiste; no puedo pe