El silencio de la victoria fue breve.
Menos de cuarenta y ocho horas después del escándalo legal, una nueva tormenta llegó, no con balas ni abogados… sino con una verdad guardada demasiado tiempo.
Francesca irrumpió en el estudio con el rostro desencajado. Traía en la mano una caja pequeña, sellada, sin remitente. Adentro, un sobre. Y dentro del sobre, una foto.
—¿Qué es esto? —preguntó Isabella, sin moverse.
Francesca la miró, con la voz temblorosa.
—No lo sé. Pero... es de Claudia. Y no viene