Hoy se cumplían ocho meses y dos semanas de gestación. Cada movimiento de mi bebé dentro de mí era un recordatorio de que pronto la tendría en mis brazos. Después de tantas noches en vela, lágrimas y silencios, ese pensamiento me daba fuerza.
Era también mi última guardia antes de la licencia maternal. Lo sabía desde que me levanté esa mañana, y traté de disfrutar cada segundo del hospital que, aunque era escenario de tantas tragedias, se había convertido en mi segunda casa.
El aire olía a café