Nunca imaginé que un simple sábado por la tarde terminaría convirtiéndose en el caos más absoluto de mi vida. El sol se filtraba por las cortinas, bañando la sala con una luz tibia y tranquila, de esas que te hacen creer que todo está en calma, aunque por dentro estés hecha pedazos.
Tenía el teléfono apoyado entre el hombro y la mejilla mientras metía la ropa de la bebé en la lavadora.
—Mamá, te juro que no paro —dije con una sonrisa cansada—. Ya lavé los gorritos, los pañales de tela, las mant