Abrí los ojos y me sentí extrañamente ligera, aunque mi corazón seguía latiendo con fuerza, todavía recordando la cercanía de Daniel, su calor y cómo nos habíamos acercado anoche. La habitación estaba bañada en una luz dorada que se colaba por las cortinas. Lo vi dormir, su respiración tranquila, la suavidad de su rostro me hizo sonreír a pesar de todo el caos que habíamos vivido.
Me levanté con cuidado, intentando no despertarlo, pero el simple hecho de verlo me llenaba de una mezcla de calma y deseo. Caminé hacia el baño, aún con los recuerdos recientes ardiendo en mi pecho. Encendí el agua y dejé que el vapor llenara la pequeña habitación mientras me duchaba rápidamente. No podía permitirme perder tiempo; sabíamos que la realidad nos esperaba afuera y aún no estaba lista para enfrentarlo del todo.
Mientras me secaba el cabello, suspiré hondo. La sensación de seguridad que sentí anoche me envolvía como un abrigo cálido. Abrí un cepillo de dientes nuevo, de esos que siempre tenían en