Abrí los ojos y me sentí extrañamente ligera, aunque mi corazón seguía latiendo con fuerza, todavía recordando la cercanía de Daniel, su calor y cómo nos habíamos acercado anoche. La habitación estaba bañada en una luz dorada que se colaba por las cortinas. Lo vi dormir, su respiración tranquila, la suavidad de su rostro me hizo sonreír a pesar de todo el caos que habíamos vivido.
Me levanté con cuidado, intentando no despertarlo, pero el simple hecho de verlo me llenaba de una mezcla de calma