Proposiciones

Llegamos a la casa y sentí que un aire de normalidad me abrazaba. Camilla, al vernos, soltó una risa y corrió hacia nosotros, y yo no pude evitar agacharme para recibirla entre mis brazos. Su pequeño cuerpo caliente se acopló al mío y, por un instante, sentí que el mundo no tenía importancia fuera de ese abrazo. Daniel sonrió mientras nos miraba, con esa expresión de orgullo y ternura que siempre había logrado hacerme sentir segura, protegida, incluso cuando todo parecía desmoronarse.

—Mira cómo corre hacia nosotros —dijo Daniel mientras se acercaba, tomando la mano de Camilla y guiándola para que se sentara a su lado en el sofá—. Es increíble, Isa, verla así… me recuerda por qué todo vale la pena.

—Lo sé —susurré, aún abrazando a la niña—. La ver feliz… me hace sentir que todo este caos, todo lo que pasó, tiene algún sentido.

Maritza estaba a mi lado, observando la escena con una sonrisa cómplice y orgullosa. La conocía lo suficiente para saber que estaba disfrutando el momento tanto
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