No dormí.
No pude.
La pelea con Daniel volvió a repetirse en mi cabeza una y otra vez como una película dañada. Cada vez que cerraba los ojos veía su rostro herido, sus palabras quemándome el pecho, su voz rompiéndose cuando dijo que me amaba… y que yo estaba empeñada en destruirlo todo.
Cuando amaneció, la casa estaba en silencio. Daniel había salido temprano. No dejó nota. No dejó mensaje.
Y esa ausencia pesaba más que cualquier insulto.
Me levanté igual, porque la vida no se detiene por nues