No recuerdo exactamente en qué momento comenzó todo. Solo sé que, en cuanto el auto se detuvo frente al hospital, una nube de periodistas apareció como si hubiera brotado del suelo. Micrófonos, cámaras, luces cegadoras. Todo ocurrió demasiado rápido. Apenas di un paso fuera del hospital para subir al auto cuando los flashes comenzaron a estallar a mi alrededor.
—¡Señorita Longaset! —gritó una mujer de cabello rubio con el micrófono casi en mi cara—. ¿Cuánto tiempo lleva casada con el señor Dimo