No podía soportar la idea de encontrarme con él de nuevo. Lorenzo. Solo el nombre me hacía temblar, y aunque intentaba no pensar en ello, todo dentro de mí sabía que esa noche, en aquel evento, podía aparecer. Respiré hondo mientras ajustaba mi delantal y me preparaba para mi turno. La señora Romani apareció en la cocina justo cuando estaba por tomar la primera bandeja de champagne.
—Elena, necesito que estés lista para cubrir la recepción —dijo con su tono firme habitual, cruzándose de brazos.