Decidí regresar al hospital.
No quería quedarme ni un segundo más en esa casa. Cada rincón olía a él, cada objeto me recordaba lo que pasó, lo que dijo, lo que no debía sentir. Así que me puse la bata blanca, recogí el cabello y tomé mi bolso. Era hora de volver a mi vida, a lo único que todavía me daba propósito: mis pacientes.
Llamé a Daniel, mi colega y jefe de cirugía.
—Daniel, necesito que cuadremos mi horario —le dije apenas contestó.
—Isabella, pensé que te tomarías unos días. —Su voz so