Nunca imaginé que acabaría compartiendo mi vida con mafiosos, una asistenta con alma de general y un hombre que podía derretirme con una sola mirada. Pero aquí estamos. Viviendo juntos, desayunando como si el mundo no se hubiera incendiado más de una vez allá afuera.
Esa mañana, me desperté temprano. El sol apenas asomaba por las ventanas y Nikolay todavía dormía, con un brazo extendido sobre mi lado de la cama. Me vestí en silencio, bajé sin hacer ruido y salí al patio con una taza de té calie