El silencio de la habitación se sentía más pesado que nunca. Sareth estaba sentada en el suelo, la espalda apoyada contra la pared fría, las manos sobre las rodillas. No dormía desde hacía dos noches. Cada vez que cerraba los ojos, la oscuridad se deslizaba dentro de ella, susurrándole promesas que no quería oír.
Sabía que si se quedaba ahí, acabaría cayendo. Podía sentir cómo su mente empezaba a fracturarse, cómo la voz de Castiel se entrelazaba con aquella oscuridad que parecía vivir en su sa