Capitulo 59

Elio se sentó en una roca plana a un costado del santuario sombrío. Desde ahí podía ver a Sareth entrenando, pero sin estorbarle. El anciano le dijo que descansara, que no interfiriera. Y Elio, por primera vez en horas, se permitió respirar.

No para relajarse.

Sino porque llevaba tanto rato sosteniendo tensiones que sus pensamientos empezaban a enredarse.

El demonio con el que había hablado antes se le acercó, apoyándose contra una columna de sombra que casi parecía viva.

—Tienes demasiadas co
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