Zona Muerta.
El pasillo se extendía ante ellos como un túnel interminable, iluminado por luces parpadeantes que proyectaban sombras irregulares sobre paredes metálicas y cables colgantes. Cada paso de Isela resonaba en el vacío, amplificado por la tensión que impregnaba el aire. No había palabras, nadie podía hablar. La comunicación se limitaba a gestos, miradas y a la guía sutil de Selena, cuyos dedos dejaban señales fugaces en la pantalla rota que todos miraban de reojo.
Un fragmento de memoria de Cayden