Sombras en la Carretera.
El primer golpe de luz entró como una hoja afilada que trataba de cortar el interior del vehículo. Isela tardó unos segundos en distinguir dónde estaba. El mundo era un solo bloque blanco detrás del vidrio sucio, un desierto de calor suspendido sobre la carretera vacía.
Parpadeó. La garganta le ardía. La cabeza también. Un latido pulsaba en el centro de su visión, como si el sol se estuviera metiendo debajo de su piel.
No recordaba haberse quedado dormida. No recordaba haber decidido detenerse