Rutas Cruzadas.
El aire estaba cargado de polvo y silencio, un silencio que resultaba pesado en la garganta, que se pegaba a los pulmones y a los pensamientos de Isela.
Caminaba con pasos medidos, con el pie derecho primero, luego el izquierdo, como si cada movimiento pudiera alterar el delicado equilibrio del mundo que aún sobrevivía a duras penas.
Detrás de ella, Cayden observaba cada sombra, cada esquina, cada grieta en las paredes de los edificios. Sus ojos eran calculadores, cautelosos; no permitían relaj