El Consejo se Fractura.
El salón de reuniones del Consejo estaba en un estado que rozaba el caos controlado, un equilibrio inestable que apenas sostenía la apariencia de autoridad.
Las luces fluorescentes emitían un resplandor intermitente que acentuaba las sombras sobre los rostros de los miembros. Cada silla ocupada reflejaba un estatus nominal, pero el poder real ya no residía allí.
Las facciones internas se movían como piezas independientes de un tablero roto: cada una buscando ventajas, cada una preparada para el