Reprogramación.
El sonido del sistema respiratorio de Kain era lo único que rompía el silencio. Un zumbido constante, metálico, casi orgánico. En la cámara blanca no existía el tiempo; solo el pulso irregular de las luces y el eco lejano de las órdenes que nunca se apagaban.
“Módulo de obediencia: restaurado. Nivel de interferencia: 2%.”
El sistema mentía.
Kain podía sentirlo. Algo en su interior se resistía, una vibración que no pertenecía a las máquinas ni a los algoritmos. Había una grieta en el control, un