Lo Que Fuimos.
El eco de sus pasos se disolvía entre los pasillos rotos del complejo. La luz del cuaderno había menguado, reducida a un resplandor suave que apenas iluminaba el camino. A medida que descendían por las escaleras metálicas, el aire se volvía más denso, saturado de humedad y polvo.
Isela caminaba detrás de todos, con la mente hecha trizas. La imagen de sí misma sobre aquella camilla seguía repitiéndose en su cabeza, una y otra vez, como un eco que no se apagaba.
El sonido de aquella voz: “Reinici