Lealtades.
Selena permaneció inmóvil en el balcón mientras las siluetas de Isela y Livia se desvanecían en la oscuridad del callejón. El viento frío le azotaba la cara, enredando su cabello en mechones desordenados. Pero no lo sentía. Por dentro ardía.
No porque ellas hubieran escapado, sabía que volverían a aparecer, sino porque el plan se estaba rompiendo en los lugares más delicados, justo donde más importaba. Todo ese tejido de mentiras y silencios que había construido durante meses se deshacía hilo p