La Pérdida de mi Vida.
El silencio no existe dentro del Consejo, ni siquiera cuando cierras los ojos, ni siquiera cuando dejas de respirar.
Siempre hay algo que zumba: el aire reciclado, los tubos de neón parpadeando, los pasos de los centinelas resonando en los corredores metálicos.
Pero sobre todo, la voz. Esa voz sin rostro que habita en su cabeza desde que puede recordar:
“Ejecuta. Corrige. Olvida.”
Cayden obedece, o al menos, lo intenta.
El laboratorio donde lo retienen es una jaula disfrazada de santuario. Las