La Carretera.
El amanecer no llegó de golpe. Se arrastró. Primero un gris sucio, después un tenue brillo en el horizonte, como si el sol dudara en salir, como si también temiera lo que Cayden e Isela habían hecho.
Detrás de ellos, el complejo del Consejo permanecía inmóvil, silencioso. Una masa de concreto, metal y cámaras hundida entre colinas áridas. No había alarmas, no había drones persiguiéndolos, no había agentes vestidos de negro irrumpiendo por detrás.
Y aun así, ninguno de los dos se permitió mirar