Sin Lealtades.
La noche había tragado la ciudad entera, y la lluvia fina convertía cada farola en un halo distorsionado.
Livia avanzaba por el costado de un almacén, las manos temblorosas, la respiración cortada. No sabía cuánto tiempo llevaba caminando.
La calle no le resultaba familiar. Ningún lugar lo hacía desde que había salido del edificio. El mundo afuera parecía demasiado grande para el tamaño de su mente.
—Encuentra a Isela.
El comando vibró, como un impulso eléctrico que recorría su columna.
—Encuen