Infiltrados.
El rugido de la tormenta era casi ensordecedor mientras Isela y Damian avanzaban por los callejones de la periferia de la ciudad. Cada charco reflejaba luces rojas y azules, destellos que parecían perseguirlos incluso bajo la lluvia. El dispositivo en la mochila de Isela vibraba con fuerza, como un corazón latiendo rápido, guiándolos hacia el complejo del Consejo.
Damian sostenía su arma con firmeza, pero cada vez que pasaban junto a un muro alto o una sombra que se movía, sus ojos buscaban la