Fragmentos de Identidad.
El túnel parecía interminable.
Cada paso resonaba como una cuenta regresiva. El aire estaba cargado de polvo, electricidad y miedo. Damian caminaba adelante, apoyando una mano contra la pared para mantenerse en pie. Su respiración era irregular; la sangre del costado le empapaba la camisa, oscura bajo la luz azulada del cuaderno que aún brillaba débilmente.
—Detente un segundo —dijo Isela, alcanzándolo. Le tocó el brazo y él se estremeció, pero no se detuvo.
—No podemos —jadeó—. Si los Centinel