El Tercer Día.
El amanecer del tercer día llegó sin colores. Una luz gris, muda, filtrándose entre los árboles muertos del borde de la carretera abandonada. El mundo parecía detenido, como si también estuviera conteniendo la respiración.
Cayden abrió los ojos con un sobresalto, la espalda rígida por haber dormido sobre tierra dura y raíces. Lo primero que sintió fue frío. Lo segundo, hambre. Y lo tercero… el peso ligero del cuerpo de Isela apoyado en su costado, demasiado inmóvil.
Se incorporó de inmediato.
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