La Fractura que no Puede Esconderse.
El monitor parpadeaba. Otra vez.
Leo parpadeó con él, como si alguno de los dos pudiera sincronizarse por accidente. El pitido débil del sistema de control cerebral se filtraba por los altavoces de la sala, un sonido irregular que no significaba nada o que ya no significaba lo que debería.
Damian: fuera del perímetro.
Livia: fuera del alcance directo.
Isela: desestabilizada.
Cayden: imposible de leer.
Su control: inexistente.
El sistema no mentía. No fallaba. Él era el que se estaba quedando at