El Peso del Proyecto.
Leo entró en la oficina y el aire lo recibió como un martillo invisible. Todo estaba impecable: ventanales del piso veinte que reflejaban la ciudad, escritorio de caoba pulida, lámparas colgantes alineadas al milímetro, un silencio que no permitía equivocación. Nada podía estar fuera de lugar. Todo estaba controlado. Excepto él.
Detrás del escritorio, sus padres lo esperaban. Parados, rígidos, figuras implacables de autoridad. Sus ojos eran fríos cuchillos que penetraban cada fibra de su ser. L