Juramentos.
El pasillo estaba en ruinas. Los restos de metal retorcido y tuberías colgantes creaban sombras que se movían con la brisa que se filtraba por las grietas del techo. El silencio era absoluto, interrumpido solo por el goteo lento de agua que caía desde una fuga invisible. Cada sonido parecía amplificarse, resonando en los huesos de quienes se aventuraban allí.
Isela despertó sola, apoyada contra la pared de concreto frío, el aire denso llenando sus pulmones como si respirara dentro de una pesadi