La Fractura de Damian.
El primer sonido que lo despertó no fue un despertador ni una alarma. Fue un murmullo, apenas un hilo de voz que parecía provenir de las paredes mismas. Damian abrió los ojos y todo lo vio mal. La oficina estaba intacta, demasiado perfecta, pero algo vibraba en el aire. Las luces fluorescentes zumbaban de forma irregular, y el tic-tac de un reloj se arrastraba, torcido, duplicado, como si cada segundo durara más de lo que debería.
Se incorporó con lentitud, sintiendo su cuerpo pesado, extraño.