El Dolor de Cayden.
Cayden despertó en la penumbra, aunque no había realmente un lugar donde abrir los ojos. Sus párpados eran pesados, como si un peso invisible los mantuviera cerrados, pero su mente no descansaba.
Todo a su alrededor era un vacío frío, punzante, interminable, como si la nada misma lo hubiera reclamado. La primera sensación fue el dolor, un dolor que no era físico sino mental: un martilleo constante en su cabeza, un látigo invisible que golpeaba cada pensamiento, cada recuerdo, cada fragmento de