La Oveja Negra.
Leo permanecía de pie frente a la ventana del despacho, mirando la ciudad que se extendía como un tapiz indiferente de luces y sombras. Todo parecía tan lejano, irrelevante frente al peso de lo ocurrido.
No solo había fallado con el Proyecto Alfa; Isela había escapado. Isela, la pieza más delicada y valiosa, había logrado eludirlos mientras él no pudo controlarla, no pudo anticipar su movimiento. Su pecho dolía con cada respiración: un dolor de culpa más que físico.
—¡Inaceptable! —tronó la voz