Daños Colaterales.

La primera vez que Livia despertó dentro del tanque, pensó que estaba soñando.

El líquido era tibio, azul, tan denso que se adhería a su piel como una segunda capa. No podía moverse. Los cables se extendían desde su cuello, sus muñecas, sus sienes. Cada respiración era una lucha contra la densidad viscosa que la rodeaba.

No había ruido, solo un zumbido leve, constante, que parecía provenir desde dentro de su cabeza. Y una luz blanca que venía de arriba, perforando el líquido con rayos tembloros
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