Cazadora Uno.

El frío del Umbral no era real, pero Selena lo sentía en los huesos. Había cruzado por esa frontera cientos de veces en nombre del Consejo, pero aquella misión era distinta. No era solo una operación: era una deuda personal. El dispositivo que Isela y su grupo buscaban no podía caer en manos equivocadas. Y, por más que le costara admitirlo, Isela era una de esas manos.

Se movía sigilosa entre las columnas de luz azul, tan cerca que podía oler el ozono que desprendía cada pulso energético. Había
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