El Núcleo.
El suelo bajo los pies de Isela parecía respirar. Era liso y blanco, pero por momentos se formaban grietas negras que se abrían y se cerraban como pulmones. Avanzar allí era como caminar sobre un sueño vivo. A cada paso, un murmullo se filtraba desde las paredes, voces que no eran voces, un idioma que reconocía sin comprender. Era como si las paredes hablaran su nombre.
Leo iba delante, la pistola en mano aunque sabía que las armas poco valían allí. Damian iba detrás, atento a cada curva, cada