Antes de Desaparecer.
El mundo volvió como un golpe de agua helada.
Un pitido constante, luz blanca que quemaba los ojos, olor a metal limpio, desinfectado, inhumano.
Livia abrió los párpados con esfuerzo y algo tiró de su cuello. Intentó mover la cabeza, pero estaba sujeta por correas anchas, frías, tan tensas que le rozaban la piel. Un mareo profundo le nubló la vista. Cuando logró enfocarse, se dio cuenta de que no estaba en el edificio colapsado.
Estaba en una sala blanca, brillante, demasiado brillante. Amarrad