El horizonte del Valle del Corazón amaneció con un rojo profundo, como si el cielo mismo sangrara por la historia reciente. La luz no era uniforme: entre las sombras de los árboles centenarios y las laderas, los rayos se filtraban en haces dorados que tocaban la tierra, el metal y la magia, dibujando caminos invisibles que solo los que conocían los secretos del mundo podían percibir. Kael se encontraba de pie sobre la colina más alta, con la armadura ennegrecida que había soportado mil batallas