El tiempo no avanzó cuando Ainge dio ese paso.
Se dobló.
No fue una ruptura violenta ni un colapso del mundo, sino algo más inquietante: una superposición. El Valle siguió siendo el Valle, el Corazón siguió latiendo, Vidar siguió respirando fuego contenido… pero otra capa de realidad emergió, translúcida, palpitante, como si el presente hubiera decidido recordar todos los pasados a la vez.
Kael sintió el impacto primero en el pecho.
No dolor.
Peso.
El peso de millones de decisiones no tomadas,