77. Donde la pasión también pelea
Apenas bajé del banco, todavía con la voz vibrándome en la garganta y el nombre Valera haciendo eco entre la gente, una moto sin patente se metió entre la multitud y me rozó las piernas con violencia. El tipo que la manejaba estiró el brazo y trató de arrancarme el bolso como si fuera carroña. Yo reaccioné tarde; el cuerpo seguía lleno de adrenalina, pero confundida, gastada.
Fran llegó antes que mi propio reflejo. Le tomó la muñeca al atacante con una precisión que no necesitaba fuerza sino ce