El grito de Senay fue el sonido del terror absoluto, cortado abruptamente por la mano implacable que le cubrió la boca. Fue una emboscada silenciosa, una embestida brutal, justo cuando ella creía haber encontrado una rendija de esperanza en la base de la roca.
Ahmed la había encontrado. Había corrido al azar, pero su locura poseía una resonancia extraña con el miedo de ella, atrayéndolo como un imán roto. Cuando la vio agachada y jadeante, la euforia lo invadió, confirmando su delirio: ella lo