Senay corrió lo que más pudo. Sus pulmones ardían por el esfuerzo y el aire helado que cortaba como cuchillas. No miraba hacia atrás, solo hacia adelante, buscando cualquier sombra, cualquier saliente, cualquier cosa que pudiera romper la línea de visión de su perseguidor. Había escapado de la casa, pero ahora se encontraba en un laberinto silencioso y hostil.
Desconocía la zona, y la desesperación se mezclaba con el conocimiento gélido de que cada paso la alejaba de Horus, pero también la acer