Set llegó a la mansión de Bel Air con una ligereza inusual. El pesado peso de la responsabilidad, que siempre curvaba sus hombros, parecía haberse aliviado un poco. El abrazo de Horus, por breve y extraño que fuera, había encendido una pequeña chispa de esperanza dentro del patriarca. Necesitaba que su familia funcionara, no por la imagen pública, sino por su propia estabilidad emocional.
Enseguida le dio la noticia a Dilara. La encontró en la biblioteca, revisando unos catálogos de arte con la