El fugitivo entró en el despacho principal de la mansión. Se detuvo en el umbral, ajustándose el nudo de la corbata, con la adrenalina de su escape, aun bombeando bajo la superficie de su traje impecable. Esperaba la fría seriedad de Set, tal vez una reprimenda velada por haber desaparecido. Pero la escena que lo recibió era completamente inesperada.
El patriarca Set, sentado junto a una chimenea crepitante, no se levantó inmediatamente. Simplemente, levantó la vista de un libro, y la expresión