Ahmed no estaba tranquilo. La calma exterior que había mantenido para Elena se había roto, dejando ver el espejo de su mente retorcida. Se pasó el día caminando de un lado a otro, mirando el horizonte, esperando a que Senay llegará a su lado. El sol de California no calentaba el frío que sentía en el pecho, un hueco que solo podía ser llenado por la posesión de Senay.
En su cabeza, el plan de usar la prensa y el informe manipulado era infalible. Ella debía entender que el único que estaba de su