Ahmed tomó un sorbo de café. No podía seguir guardando el secreto. Necesitaba que Hadilla supiera por qué estaba tan loco.
—Ya basta de acusaciones, Hadilla —dijo Ahmed, más calmado, pero con mucho dolor en la voz—. Necesito que sepas por qué mi desesperación no es solo por el dinero. Es... es por ella.
Hadilla lo miró. Estaba confundida.
—¿Y qué puede ser más importante que la fortuna Arslan? ¿La humillación de ser rechazado por una artista sin dinero?
Ahmed se acercó, la verdad salió de él co