El sol de la mañana se filtraba por las amplias ventanas de la oficina de Horus en Los Ángeles, pero él apenas lo notaba. Estaba concentrado en una pila de documentos sobre una adquisición que requería su atención inmediata. Sin embargo, su mente no estaba en los negocios, sino en su esposa.
El teléfono sonó, y él contestó con prisa.
—Senay. ¿Ya lista?
—Casi lista, Horus. Solo empacando un par de cosas para llevar al estudio. Te llamaba para confirmar la hora. Es pasado mañana, ¿cierto? Martes