Mientras la orquesta elevaba la melodía del banquete, el pánico de Senay se transformaba en una adrenalina fría. A su lado, Horus mantenía una compostura que desafiaba su creciente malestar. Su mano, entrelazada con la de ella sobre la mesa, se sentía inusualmente caliente.
En el ala de servicio del Palacio Çırağan, Vittoria, no había perdido ni un segundo. Apenas se había alejado de la mesa nupcial, sintiendo un nudo helado en el estómago por el riesgo que había corrido su amiga, sacó su teléf